La prostituée de la rue Quicampoix, de Brassaï

lunes, 23 de agosto de 2010

"Antes que el amor, el dinero, la fe, la fama y la justicia, dadme la verdad".
"Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien indica, su destino"

Thoreau


Vértigo, de Leon Spilliaert 1908



sábado, 21 de agosto de 2010

Si los que aman la música reflexionan, comprenderán fácilmente que ésta suele traspasarlos en un momento clabe de la canción, con un acorde o nota concreta que desencadena una pasión interior. Pero esta nota o acorde en especial no podría movernos por dentro si no tubiera delante o detrás lo que, a fin de cuentas, la compone. Me refiero a las otras figuras musicales que hacen que ella tenga ahí un lugar y cobre esa bella capacidad de ahondar. Lo mismo ocurre con las personas.


El arte desnudo



Hiroshima mon amour

viernes, 20 de agosto de 2010

como el sentimiento es lo primero

quien presta atención

a la sintaxis de las cosas

nunca te besará completamente;


completamente idiotas

mientras la Primavera está en el mundo.


mi sangre aprueba,

y los besos son un destino mejor

que la sabiduría

señora lo juro por todas las flores. No lloreis

-el mejor gesto de mi cerebro vale menos que

el aleteo de vuestros párpados que dice:


estamos hechos el uno para el otro: así pues

reíd, abandonaos en mis brazos

porque la vida no es un párrafo

Y creo que la muerte no es ningún paréntesis
 
 
 
Cummings
 

Man Ray

jueves, 19 de agosto de 2010

Cuando yo me atraigo, busco y devoro a mi misma suelo recrearme en el vacío y lo que hay alrededor termina por carecer de sentido o significado.
Amo el momento en que sin darme cuenta todos los objetos empiezan a ser tragados por una fuerza mental indescriptible, como si un enorme agujero clavado en el suelo poseyera tal magnetismo que ninguna materialidad pudiera resistirse. Divanes, sillas, mesas, lo que hay encima de estas, el espejo, la ropa como oleaje terrenal, tacones, relojes obsoletos, fotografías, teclas blancas y azabaches, cuerdas y madera, la añil lámpara que cuelga medio suicidada, oscuros candados o ruidos mundanos e incluso, la pintura que violentamente queda arrancada por la nada.
Su existencia reside vagamente suspendida en el olvido hasta que decido devolverles ese aburrido estado natural, cuando aprendo de nuevo a no saber soñar y mi mundo exterior recobra el trivial aspecto que tenía antes de su aniquilación.
Pero es curioso cómo lo único que no puede digerir es mi mente y las palabras que van siendo tatuadas en el níveo papel. Es la capacidad de pegarle un tiro lenta, consciente y voluntariamente a una realidad la cual mi ser no se resigna a sucumbir, escribir para comprender de forma desnuda cada pensamiento y describir después de haber palpado con la mente lo que uno siente.


El arte desnudo


Egon Schiele



Mi mujer con la cabellera de fuego de los bosques
Con pensamientos de relámpago de calor
Con su talle de reloj de arena
Mi mujer con su talle de nutria en los dientes del tigre
Mi mujer con la boca de escarapela y de ramillete
de estrellas de un ínfimo tamaño
Con dientes de huellas de ratones blancos en la tierra blanca
Con la lengua de ámbar y vidrio frotados
Mi mujer con la lengua de hostia apuñalada
Con la lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Con la lengua de piedra increíble
Mi mujer con pestañas de palotes de escritura de niño
Con sus cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer con sus sienes de pizarra en un techo de invernadero
Y de vaho en los vidrios
Mi mujer con hombros de vino de champaña
Y de frente con cabeza de delfines bajo la nieve
Mi mujer con muñecas de fósforo
Mi mujer con dedos de azar y de as de copas
Con sus dedos de heno cortado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
De alheña
Con sus brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla de trigo y de molino
Mi mujer con piernas de cohete
Con sus movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer con sus pies de iniciales
Con pies de manojo de llaves con pies de canarios blancos que beben
Mi mujer con cuello de cebada imperlada
Mi mujer con su garganta de Valle de Oro
Que se cita en el lecho mismo del torrente
Con sus senos de noche
Mi mujer con senos de albergue marino de topos
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con sus senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre del despliegue del abanico de los días
Con su vientre de garra gigantesca

Mi mujer con espalda de pájaro que huye vertical
Con espalda de azogue
Con espalda de luz

Con la nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso donde se acaba de beber
Mi mujer con caderas de barquilla
Con caderas de araña y de rabo de flechas.
Y de tallo de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de arenisca y de amianto
Mi mujer con nalgas de tomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de espadaña
Mi mujer con sexo de arenal de oro y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de viejo bombón
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de sábana
Mi mujer con ojos de agua para beber en la cárcel
Mi mujer con ojos de bosques siempre bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.


André Breton

Egon Schiele



"Grandioso es el poder curativo que reside en las plantas, hierbas y piedras.
Y todas sus virtudes. Pues no hay nada tan vil que viva en la tierra sin dar a la tierra algún beneficio especial ni hay nada tan bueno que, desviado de su buen uso, no se revele contra su origen haciendo daño. La virtud se vuelve vicio mal aplicada, y el vicio se dignifica algunas veces en la acción.

En la tierna corteza de esta debil flor residen veneno y potente medicina, pues al olerla da alivio con cada parte a cada parte, y al probarla mata los sentidos al corazón. Dos reyes así enfrentados acampan en el hombre igual que en las hiervas, la virtud i la baja pasión. Y cuando predomina lo peor, pronto el gusano mortal deborará esa planta."
 
 
W.Shakespeare

Saul Leiter

miércoles, 18 de agosto de 2010



Cuando era pequeña me repetía una y otra vez que algún día tendría que desatarme desde un edificio altísimo porque no podía soportar la idea de morir sin saber que era volar. Constantemente me atraía y atrapaba la idea de quedar suspendida en el aire y que al fin, todo acabara de esa forma.
Subir encima de la estable barandilla, sentir todo tu alrededor encogido ante tus ojos, entender que el suelo te espera pero la intangible bruma aun más, acoger el universo entero en tu cabeza y vivir tus últimos instantes sola y con una latente utopía en mente de percibir el mundo cual lo hace un pájaro.
Dar un paso hacia delante y dejar que toda tu vida se reduzca a pequeñas fracciones de tiempo en un salto irracional, apostar por el vacío que comporta una situación tan vehemente individual.
Terminar con un sabor a nada y todo en la boca, con un olor imperceptible a brisa sin más y en la mente, la mente sencillamente en blanco o en miles de colores que, encadenados, configuran las vivencias más importantes de tu vida, las historias más conmovedoras, los minutos más impactantes y las canciones que sin más, también hicieron que volases aun que fuera a ras del suelo.

El arte desnudo

Seamus Brown


"Yo decía que un poema es un grito, una muerte. Ahora creo que estoy viva porque escribo silencios en la gran torre de la ausencia. Pero no todas las agujas se mueven en el minutero como corresponde, no todos los los días soy esclava de mi voz, más sí las noches donde anudo el cuerpo y rítmos extraviados que no supe hacer sonar me anidan. Ya no canto, nunca canté. Estoy exhausta y atractiva en el puente del pecado, es la muerte, es la muerte con su cara de loba, con su grito perpetuado en mi garganta.
Yo decía que un poema es un intento de suicido, un nacimiento descalabrado. Ahora estoy acá, floreciendo las ventanas del lenguaje con cosas
que escuché y ya todos dijeron. No hay nuevas existencias, nos matamos los unos a los otros.

Todo está dicho, tatuado en la casa de signos. Hay que salir a buscar lo que no existe y guardarlo en una caja verde. Que se desentierre sola, cuando alguien quiera verla."

Alejandra Pizarnik


Nan Goldin