La prostituée de la rue Quicampoix, de Brassaï

sábado, 19 de febrero de 2011

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.
Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.


A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.
El primero: La Biblioteca existe ab aeterno. De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar
estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.
El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)
Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables MCV no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de MCV en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.
Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio,
la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.


Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.
También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos... Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.
A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.
Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que
esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.
También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.


Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).
La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la
Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.
Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.

"La biblioteca de Babel", Borges





sábado, 12 de febrero de 2011

lunes, 6 de diciembre de 2010

viernes, 15 de octubre de 2010

La vida se vive a sí misma,
Cortázar



Autoretrato de Francesco Clemente,
ojos claves...


martes, 5 de octubre de 2010

Me gustaba adivinarte con la americana y los ojos de terciopelo azul, entre humaredas verticales, entre las fotos de cerrojos que no conozco. Observarte y comprender que te rodea un aura diferente, como una espiral llena de versos en letra ligada que te ata los zapatos, te encorseta y te peina el pelo.


El arte desnudo






lunes, 4 de octubre de 2010

"Habían alcanzado un momento perfecto de amor humano. Habían creado un momento de comprensión y de acuerdo perfectos. Ese momento culminante iba a quedar ahora como punto de comparación para atormentarles posteriormente, cuando todas las imperfecciones naturales lo desintegrasen"




Anaïs Nin







domingo, 3 de octubre de 2010

"Soy bella y ordeno. Que por amor a mí no améis sino lo bello; soy el Ángel guardián, la Musa y la Madona".


Boudelaire.


Ken Park




sábado, 2 de octubre de 2010

" Y tú me dices
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.


Y tú me dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de golpear mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte a besos
desde la ausencia en la que tú me gritas
que me estás esperando.


Y tú me dices que estás tan hecha
a este deshabitado ocio de mi carne
que apenas sí tu sombra se delata,
que apenas sí eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío "



 José Manuel Caballero Bonald.



Blue Velvet, David Lynch


jueves, 30 de septiembre de 2010

"El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. El que quiere nacer, tiene que romper el mundo. El ave vuela a Dios. El Dios es Abraxas”.



Harry Gruyaert





sábado, 25 de septiembre de 2010

"Horacio adivina que en alguna parte de París, en algún día o alguna muerte o algún encuentro hay una llave.
Una llave, figura inefable. Una llave. Todavía, a lo mejor, se podía salir a la calle y seguir andando, con una llave en el bolsillo.

Nuestra verdad posible tiene que ser <<invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura... Todas las turas de este mundo>>.

Hemos de buscar una salvación individual que sea a la vez salvación de todos. Pero esa verdadera vida humana no hay que colocarla fuera del tiempo o del espacio: es terrestre.
Esa verdadera realidad no es algo por venir, una meta, el último peldaño, el final de una evolución.
No, es algo que ya está aquí, en nosotros. Se la siente, basta tener el valor de estirar la mano en la oscuridad."


Fragmentos de Rayuela





lunes, 20 de septiembre de 2010

Mis ojos ven mejor si están cerrados,
así no se distraen con simplezas;
mas al dormir, te ven en sueños claros
y brillan en lo oscuro como estelas.
Y tú, sombra que alumbras a otras sombras,
si a ojos que no ven reluces tanto,
¿podrá lucir aún más tu dulce forma
en plena claridad y a pleno campo?
Pues si en la noche inerte tus borrosos
contornos engalanan mi pupila,
¿podrán embelesarse más mis ojos
al verte a la luz viva de los días?
      El día es noche cuando no te veo
      y días son las noches que te sueño.



W.Shakespeare


La Maja desnuda, Goya





domingo, 19 de septiembre de 2010



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.



Capítulo 7, Rayuela. J.Cortázar








miércoles, 8 de septiembre de 2010

Jim Morrison decía que la gente es extraña cuando tu eres un extraño

Sally Man



martes, 7 de septiembre de 2010

"Monelle me encontró en la llanura por donde andaba errante y me tomó de la mano.

- No vayas a sorprenderte, dijo, soy yo y no soy yo;
Volverás a encontrarme y me perderás;
Una vez más acudiré a vosotros; porque pocos hombres me han visto y ninguno me ha comprendido;
Y tú me olvidarás y volverás a reconocerme y me olvidarás.

Sé, pues, semejante a las estaciones destructoras y formadoras.
Construye tú mismo tu casa y quémala tú mismo.
No arrojes escombros detrás de ti; que cada cual se sirva de sus propias ruinas.
No construyas en la noche pasada. Deja que tus obras huyan a la deriva.
Para todo deseo nuevo, haz dioses nuevos.


Que todo dios desaparezca en cuanto haya sido creado;
Que toda creación perezca en cuanto haya sido creada;
Que todo dios sea dios del momento.

Ama el momento. Todo amor que dura es odio.
Piensa en el momento. Todo pensamiento que dura es contradicción.

Sé semejante a las rosas: ofrece tus hojas para que las arranquen las voluptuosidades, para que las pisoteen los dolores.
Que todo extasis sea en ti moribundo, que toda voluptuosidad desee morir.

Vé en paz con la luz roja de la mañana y la luz gris del atardecer. Sé el alba mezclada al crepúsculo.

 Considera viva a toda cosa incierta y muerta a toda cosa cierta.
Construye en las diferencias; destruye en las similitudes.

Cuando te quitas las ropas por la noche desvístete de tu alma de día; desnúdate en todos los momentos.

Rompe toda copa en la que hayas bebido.
Que tu marcha no vaya de un extremo a otro, porque no hay nada de tal; sino que cada uno de tus pasos sea una proyección enderezada.
Borrarás con tu pie izquierdo la huella de tu pie derecho.


No digas: vivo ahora, mañana moriré. No dividas la realidad entre la vida y la muerte.
Dí: ahora vivo y muero"




Selección de las palabras de Monelle.


Nobuyoshi Araki


lunes, 6 de septiembre de 2010

"Nerón, sibarita refinado, guardaba lo mejor para el final: un toro enloquecido, irrumpía en las arenas con la joven Lygia desnuda, con sus largos cabellos alborotados, atada a su lomo. Entregar una hermosa princesa cristiana, virgen hasta la médula, a un toro enfurecido era una excelente idea.
Las cuerdas que ataban al animal estaban flojamente atadas con intención de que, en cualquier momento, el toro lograra librarse del cuerpo de la hermosa para acabar pisoteándola, atravesándola o haciéndole todo aquello con lo que los toros suelen gratificar a las doncellas desnudas.
Imaginar lo que iba a suceder me sumía en el éxtasis..

Lygia desnuda está atada a mi lomo. Siento sus nalgas virginales y sus angélicas caderas. Ese contacto me vuelve loco, empiezo a cocear, a saltar, a correr. A fuerza de gesticulación, el cuerpo de Lygia da un giro de ciento ochenta grados sobre sí mismo. Sus senos puntiagudos se me clavan en los omóplatos, su vientre y su sexo se asientan sobre mi prominente espinazo. Soy un uro y todo esto me desgarra el cerebro. Furioso, me propongo que esa criatura caiga de encima mi cuerpo.
Soy todo brincos, salto hacia delante, salto hacia atrás, me arqueo, me encabrito. Las cuerdas se aflojan, Lygia se desliza hasta el suelo, ya sólo está unida a mí por un pie. Galopo, arrastrándola por el suelo como al cadáver que será en breve. Sus piernas abiertas revelan a la muchedumbre una virginidad que no durará mucho. Esa indecencia hace sufrir a la princesa, y a mí me alegra. ¿Sufres, Lygia? Perfecto, y eso no es nada en comparación con lo que te aguarda. Así aprenderás a ser una doncella cristiana desnuda en una novela polaca para uso de adolescentes.
Con una última y atlética coz, consigo deshacerme de la joven que efectúa un vuelo planeado y cae a diez metros de distancia. El pueblo romano contiene la respiración. Me acerco a la presa y contemplo su bonito trasero. Le doy la vuelta con mi casco y adoro el miedo que brota de sus hermosos ojos, adoro el temblor de sus senos intactos.
Lo más grave, Lygia, es que estás de acuerdo. Todo el mundo está de acuerdo al respecto: ¿qué interés ofrecería al mundo una muchacha virgen cristiana sino la posibilidad de ser penetrada por un toro enfurecido? Prometerte a ese yerno ideal convertido gracias a tus favores significaría insultarte. Imagina la sosería de vuestros himeneos blancuzcos, la grotesca expresión de integridad reflejada en su rostro al poseerte.
No. Tú no eres para él, estás demasiado bien para semejante destino. Eres para mí. Consciente o inconscientemente, lo has hecho adrede: ¿por qué te has preservado con  tanto desvelo sino para ser masacrada?
Existe una ley universal: todo lo que es demasiado puro debe ser ensuciado, todo lo sagrado debe er profanado. Ponte en el lugar del profanador: ¿qué interés hay en profanar lo no sagrado? Seguro que pensabas en esta cuestión al conservarte tan blanca.
Nada más cristiano que una virgen mártir, nada más pagano que un toro enfurecido: por eso está el pueblo tan satisfecho. Obtendrá satisfacción no por el valor de su dinero, ya que el espectáculo es gratuito, sino por su odio, su natural propensión a aborrecer los lirios blancos y las salamandras.
Según Homero, la frente del toro simboliza la tontería. Tiene razón. Me gusta ser un uro porque me gusta ser tonto. Y, en virtud de mi estupidez, te entregan a mí alegremente: si yo hubiera sido el astuto zorro, no me habrían hecho semejante regalo. Ser tonto tiene sus ventajas, ¿comprendes?
Ya no queda tiempo para tener miedo, ya ha llegado el momento de sufrir. Hundo mis cuernos en tu vientre liso: fabulosa sensación. Una vez te tengo ensartada, te alzo por encima de mi cabeza. La muchedumbre aúlla y tu gritas. Soy el héroe del día. Me paseo, con tu cuerpo por sombrero: a mi izquierda, tus piernas; a mi derecha, tus brazos, tu rostro pasmado, tus cabellos, que barren el suelo. Muy orgulloso de mí mismo, doy la vuelta al ruedo para recoger los aplausos del público. Cuando esas diversones no bastan para colmar mi embriaguez, paso a los asuntos serios. Mis cuernos te han penetrado pero no te han traspasado: me arqueo y vuelvo a arquearme hasta que se hunden en ti.
Cada vez que caigo al suelo, me siento más lejos en ti. Entonces sucede lo que tenía que suceder: un crujido, mis cuernos te han atravesado el vientre, te salen por la espalda y por los riñones, y asoman al exterior. La muchedumbre los ve y me aclama con más ahínco. Estoy contento.
Empiezo a brincar como un loco para manifestar mi triunfo. Tu sangre se desliza ahora por mi frente y por mi cuello. Llega hasta mis narinas, su olor me enfurece. Se desliza hasta mi boca, la lamo, posee el sabor del vino joven, me emborracha. Te oigo gemir y me gusta.
A fuerza de gesticular, un velo rojo cubre mis ojos: es tu sangre que me ciega. Ya no veo nada y eso me enfurece: corro sin saber adónde me dirijo, me estrello repetidas veces contra los muros que rodean las arenas, los golpes deben de dolerte. Por agotamiento, agacho la cabeza: te caes de entre mis astas, te deslizas por mi cabeza, tu piel me seca los ojos y recobro la visión.
Estás tumbada en el suelo, todavía respiras. Contemplo tu vientre lacerado por mis servicios: magnífico. Tu pálido rostro macilento presenta una expresión exaltada, casi sonriente: sabía que eso te gustaría, Lygia, mi Lygia, ahora eres realmente mía.
Y, puesto que eres mía, hago contigo lo que quiero. Bebo la sangre tibia de tu vientre, demostrando, así, que los toros dejan de ser vegetarianos ante una virgen.
A continuación, entre las aclamaciones del pueblo romano, te pisoteo hasta dejar tu cuerpo irreconocible. ¡Exquisito desahogo! Te dejo el rostro intacto con intención de seguir interpretando tus expresiones: porque lo que me interesa es qué siente tu alma. Los auténticos materialistas están exentos de sadismo, el sadismo sólo anida en los ultra espiritualistas de mi especie. Hay que tener talento para ser verdugo.
La escena es admirable: una papilla informe que es tu cuerpo, que parece una fruta reventada, y, por encima de esta compota, tu cuello perfecto y tu rostro, que ha alcanzado la plenitud de la gracia.
Tus ojos beben el cielo, a menos que ocurra lo contrario. Nunca has estado tan bella: martilleando tu esqueleto con mis cascos, he conseguido hacer ascender todo tu esplendor hasta el rostro, como si fueras un tubo de pasta dentífrica.
Así, gracias a mí, has tenido la oportunidad de ser idealizada. Acerco mi oreja de uro a tu boca y acecho tu último suspiro. Te oigo exhalarlo -es más delicado que una música de cámara-, y morimos de placer, tú y yo, a la vez.
"Quien quiere hacerse el ángel hace el bruto." Yo he hecho el bruto, y, como tal, he conocido la voluptuosidad del ángel. Mientras tengo once años, aparto la almohada con la que me había cubierto el rostro y me levanto, jadeando de placer. Mi cerebro se ha volatizado, como un edificio bajo el efecto de una explosión nuclear."

A. Nothomb



"Cada cual mata lo que ama", escribió Wilde.


Kyle Skully



domingo, 5 de septiembre de 2010

"En la concepción del erotismo en Bataille, el significado de la muerte excede absolutamente lo biológico. No es la destrucción biológica del cuerpo, sino el desenlace del trabajo de destrucción de sí mismo. Básicamente la idea del intercambio, de la desnudez, de la reciprocidad de estas intensidades desbordantes, que violentan toda posesión de sí mismas, son también la capacidad del sujeto para asumir la propia muerte, la muerte del otro, como la condición de esta intensidad exacerbada. El erotismo es entonces un acto de muerte recíproca que hace surgir de los despojos de sí mismo la fuerza misma de la transgresión que rechaza toda finitud. La vida --infinita, inextinguible-- no puede surgir sino precisamente de entregarse a esta destrucción del don, ofrecerse a sí mismo como nada, como sujeto arrebatado por la muerte, como sujeto en disolución, como totalidad abierta, como carencia de identidad, y al mismo tiempo cancelación de la ley.

El erotismo es también invención y fundación de un tiempo. El tiempo del erotismo es el tiempo del encuentro. La condición única e irrepetible, quizá fatal, de ese momento --a veces un instante-- en que convergen dos sujetos en ese ritual de espera, destrucción de sí, creación y recreación de la experiencia de la finitud. Es una ritualidad que rechaza la regularidad reiterativa del ritual. La ritualidad del erotismo es la experiencia de una regularidad precaria, efímera, singular. La repetición en el erotismo no es la regularidad de cuerpos y espacios, sino la de la voluntad de deseo, la reaparición intacta del impulso de transgresión y la vocación de entrega a la fragilidad. La ritualidad propia del encuentro es algo extraño a la reiteración. Quienes convergen en el momento erótico, no podrán jamás repetir esa experiencia. Cada encuentro es único. No hay tal cosa como la repetición y, sin embargo, en el momento en que el sujeto se sume en este trance al mismo tiempo fugaz, reiterativo e irrepetible de la muerte, en esa intimidad recíproca que es pura intensidad radical, en realidad está entregado a la repetición misma de ese reclamo de voluptuosidad o de vértigo. El tiempo del encuentro es entonces, simultáneamente, el lugar de lo imprevisible y de lo ineludible. Fortuito y fatal. Esta doble condición paradójica define el encuentro erótico, esta extraña paradoja de discontinuidad y continuidad. Cada encuentro, como una extraña anomalía matemática, corta nuestra vida en dos. Cada instante en que irrumpe el encuentro inventa una edad y una espera, una memoria y un horizonte. Hay un antes y un después. La vida no puede seguir tal cual después del encuentro erótico. Este arrastra la vida a contemplar su propia extrañeza."



Hasisi Park

 

sábado, 4 de septiembre de 2010

Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña,
es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.


Boudelaire


Wingate Paine



viernes, 3 de septiembre de 2010

"-Porque yo soy como tú. Porque estoy precisamente tan sola como tú y como tú no puedo amar ni tomar en serio a la vida ni a las personas ni a mí misma. Siempre hay alguna de esas personas que pide a la vida lo más elevado y a quien no puede satisfacer la insulsez y rudeza del ambiente.

-¡Tú, tú! -exclamé hondamente admirado-. Te comprendo, camarada; nadie te comprende como yo. Y, sin embargo, eres para mí un enigma. Tú te las arreglas con la vida jugando, tienes esa maravillosa consideración ante las cosas y los goces minúsculos, eres una artista de la vida. ¿Cómo puedes sufrir con el mundo? ¿Cómo puedes desesperar?

-No desespero. Pero sufrir por la vida, oh, en eso tengo experiencia. Tú te asombras de que yo soy feliz porque sé bailar y me las arreglo tan perfectamente en la superfície de la vida. Y yo, amigo mío, me admiro de que tú estés tan desengañado del mundo, hallándote en tu elemento precisamente en las cosas más bellas y profundas, en el espíritu, en el arte, en el pensamiento. Por eso nos hemos atraído mutuamente, por eso somos hermanos. Yo te enseñaré a bailar y a jugar y a sonreír y a estar contento, sin embargo. Y aprenderé de ti a pensar y a saber y a no estar satisfecha, a pesar de todo. ¿Sabes que los dos somos hijos del diablo?

-Sí, lo somos. El diablo es el espíritu; nosotros sus desgraciados hijos. Nos hemos salido de la naturaleza y pendemos en el vacío. Pero ahora se me ocurre una cosa; en el tratado del lobo estepario, del que te he hablado, hay algo acerca de que es sólo una fantasía suya el creer que tiene una o dos almas, que consiste en una o dos personalidades. Todo hombre, dice, consta de diez, de cien, de mil almas.

-Eso me gusta mucho. En ti, por ejemplo, lo espiritual está altamente desarrollado y a cambio de esto te has quedado muy atrás en toda pequeña clase de artes de la vida. El pensador tiene cien años, pero el bailarín apenas tiene medio día. A éste vamos a ver ahora si lo sacamos adelante, y a todos sus pequeños hermanitos, que son tan chiquitines, inexpertos e incautos como él."


Hesse..


Margaret Durow

lunes, 23 de agosto de 2010

"Antes que el amor, el dinero, la fe, la fama y la justicia, dadme la verdad".
"Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien indica, su destino"

Thoreau


Vértigo, de Leon Spilliaert 1908



sábado, 21 de agosto de 2010

Si los que aman la música reflexionan, comprenderán fácilmente que ésta suele traspasarlos en un momento clabe de la canción, con un acorde o nota concreta que desencadena una pasión interior. Pero esta nota o acorde en especial no podría movernos por dentro si no tubiera delante o detrás lo que, a fin de cuentas, la compone. Me refiero a las otras figuras musicales que hacen que ella tenga ahí un lugar y cobre esa bella capacidad de ahondar. Lo mismo ocurre con las personas.


El arte desnudo



Hiroshima mon amour

viernes, 20 de agosto de 2010

como el sentimiento es lo primero

quien presta atención

a la sintaxis de las cosas

nunca te besará completamente;


completamente idiotas

mientras la Primavera está en el mundo.


mi sangre aprueba,

y los besos son un destino mejor

que la sabiduría

señora lo juro por todas las flores. No lloreis

-el mejor gesto de mi cerebro vale menos que

el aleteo de vuestros párpados que dice:


estamos hechos el uno para el otro: así pues

reíd, abandonaos en mis brazos

porque la vida no es un párrafo

Y creo que la muerte no es ningún paréntesis
 
 
 
Cummings
 

Man Ray

jueves, 19 de agosto de 2010

Cuando yo me atraigo, busco y devoro a mi misma suelo recrearme en el vacío y lo que hay alrededor termina por carecer de sentido o significado.
Amo el momento en que sin darme cuenta todos los objetos empiezan a ser tragados por una fuerza mental indescriptible, como si un enorme agujero clavado en el suelo poseyera tal magnetismo que ninguna materialidad pudiera resistirse. Divanes, sillas, mesas, lo que hay encima de estas, el espejo, la ropa como oleaje terrenal, tacones, relojes obsoletos, fotografías, teclas blancas y azabaches, cuerdas y madera, la añil lámpara que cuelga medio suicidada, oscuros candados o ruidos mundanos e incluso, la pintura que violentamente queda arrancada por la nada.
Su existencia reside vagamente suspendida en el olvido hasta que decido devolverles ese aburrido estado natural, cuando aprendo de nuevo a no saber soñar y mi mundo exterior recobra el trivial aspecto que tenía antes de su aniquilación.
Pero es curioso cómo lo único que no puede digerir es mi mente y las palabras que van siendo tatuadas en el níveo papel. Es la capacidad de pegarle un tiro lenta, consciente y voluntariamente a una realidad la cual mi ser no se resigna a sucumbir, escribir para comprender de forma desnuda cada pensamiento y describir después de haber palpado con la mente lo que uno siente.


El arte desnudo


Egon Schiele



Mi mujer con la cabellera de fuego de los bosques
Con pensamientos de relámpago de calor
Con su talle de reloj de arena
Mi mujer con su talle de nutria en los dientes del tigre
Mi mujer con la boca de escarapela y de ramillete
de estrellas de un ínfimo tamaño
Con dientes de huellas de ratones blancos en la tierra blanca
Con la lengua de ámbar y vidrio frotados
Mi mujer con la lengua de hostia apuñalada
Con la lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Con la lengua de piedra increíble
Mi mujer con pestañas de palotes de escritura de niño
Con sus cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer con sus sienes de pizarra en un techo de invernadero
Y de vaho en los vidrios
Mi mujer con hombros de vino de champaña
Y de frente con cabeza de delfines bajo la nieve
Mi mujer con muñecas de fósforo
Mi mujer con dedos de azar y de as de copas
Con sus dedos de heno cortado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
De alheña
Con sus brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla de trigo y de molino
Mi mujer con piernas de cohete
Con sus movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer con sus pies de iniciales
Con pies de manojo de llaves con pies de canarios blancos que beben
Mi mujer con cuello de cebada imperlada
Mi mujer con su garganta de Valle de Oro
Que se cita en el lecho mismo del torrente
Con sus senos de noche
Mi mujer con senos de albergue marino de topos
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con sus senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre del despliegue del abanico de los días
Con su vientre de garra gigantesca

Mi mujer con espalda de pájaro que huye vertical
Con espalda de azogue
Con espalda de luz

Con la nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso donde se acaba de beber
Mi mujer con caderas de barquilla
Con caderas de araña y de rabo de flechas.
Y de tallo de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de arenisca y de amianto
Mi mujer con nalgas de tomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de espadaña
Mi mujer con sexo de arenal de oro y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de viejo bombón
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de sábana
Mi mujer con ojos de agua para beber en la cárcel
Mi mujer con ojos de bosques siempre bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.


André Breton

Egon Schiele



"Grandioso es el poder curativo que reside en las plantas, hierbas y piedras.
Y todas sus virtudes. Pues no hay nada tan vil que viva en la tierra sin dar a la tierra algún beneficio especial ni hay nada tan bueno que, desviado de su buen uso, no se revele contra su origen haciendo daño. La virtud se vuelve vicio mal aplicada, y el vicio se dignifica algunas veces en la acción.

En la tierna corteza de esta debil flor residen veneno y potente medicina, pues al olerla da alivio con cada parte a cada parte, y al probarla mata los sentidos al corazón. Dos reyes así enfrentados acampan en el hombre igual que en las hiervas, la virtud i la baja pasión. Y cuando predomina lo peor, pronto el gusano mortal deborará esa planta."
 
 
W.Shakespeare

Saul Leiter

miércoles, 18 de agosto de 2010



Cuando era pequeña me repetía una y otra vez que algún día tendría que desatarme desde un edificio altísimo porque no podía soportar la idea de morir sin saber que era volar. Constantemente me atraía y atrapaba la idea de quedar suspendida en el aire y que al fin, todo acabara de esa forma.
Subir encima de la estable barandilla, sentir todo tu alrededor encogido ante tus ojos, entender que el suelo te espera pero la intangible bruma aun más, acoger el universo entero en tu cabeza y vivir tus últimos instantes sola y con una latente utopía en mente de percibir el mundo cual lo hace un pájaro.
Dar un paso hacia delante y dejar que toda tu vida se reduzca a pequeñas fracciones de tiempo en un salto irracional, apostar por el vacío que comporta una situación tan vehemente individual.
Terminar con un sabor a nada y todo en la boca, con un olor imperceptible a brisa sin más y en la mente, la mente sencillamente en blanco o en miles de colores que, encadenados, configuran las vivencias más importantes de tu vida, las historias más conmovedoras, los minutos más impactantes y las canciones que sin más, también hicieron que volases aun que fuera a ras del suelo.

El arte desnudo

Seamus Brown


"Yo decía que un poema es un grito, una muerte. Ahora creo que estoy viva porque escribo silencios en la gran torre de la ausencia. Pero no todas las agujas se mueven en el minutero como corresponde, no todos los los días soy esclava de mi voz, más sí las noches donde anudo el cuerpo y rítmos extraviados que no supe hacer sonar me anidan. Ya no canto, nunca canté. Estoy exhausta y atractiva en el puente del pecado, es la muerte, es la muerte con su cara de loba, con su grito perpetuado en mi garganta.
Yo decía que un poema es un intento de suicido, un nacimiento descalabrado. Ahora estoy acá, floreciendo las ventanas del lenguaje con cosas
que escuché y ya todos dijeron. No hay nuevas existencias, nos matamos los unos a los otros.

Todo está dicho, tatuado en la casa de signos. Hay que salir a buscar lo que no existe y guardarlo en una caja verde. Que se desentierre sola, cuando alguien quiera verla."

Alejandra Pizarnik


Nan Goldin