"Todo lo que se pueda decir es mentira; el resto es silencio. Sólo que el silencio no existe. Las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia. ...Si digo agua, ¿beberé? Si digo pan, ¿comeré? Lo que pasa con el alma es que no se ve. Lo que pasa con el espíritu es que no se ve. ¿De dónde viene esa conspiración de invisibilidad? Ninguna palabra es visible" El lado oscuro del corazón
La prostituée de la rue Quicampoix, de Brassaï
lunes, 6 de diciembre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
Me gustaba adivinarte con la americana y los ojos de terciopelo azul, entre humaredas verticales, entre las fotos de cerrojos que no conozco. Observarte y comprender que te rodea un aura diferente, como una espiral llena de versos en letra ligada que te ata los zapatos, te encorseta y te peina el pelo.
El arte desnudo
El arte desnudo
lunes, 4 de octubre de 2010
domingo, 3 de octubre de 2010
sábado, 2 de octubre de 2010
" Y tú me dices
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.
Y tú me dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de golpear mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte a besos
desde la ausencia en la que tú me gritas
que me estás esperando.
Y tú me dices que estás tan hecha
a este deshabitado ocio de mi carne
que apenas sí tu sombra se delata,
que apenas sí eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío "
José Manuel Caballero Bonald.
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.
Y tú me dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de golpear mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte a besos
desde la ausencia en la que tú me gritas
que me estás esperando.
Y tú me dices que estás tan hecha
a este deshabitado ocio de mi carne
que apenas sí tu sombra se delata,
que apenas sí eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío "
José Manuel Caballero Bonald.
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| Blue Velvet, David Lynch |
jueves, 30 de septiembre de 2010
sábado, 25 de septiembre de 2010
"Horacio adivina que en alguna parte de París, en algún día o alguna muerte o algún encuentro hay una llave.
Una llave, figura inefable. Una llave. Todavía, a lo mejor, se podía salir a la calle y seguir andando, con una llave en el bolsillo.
Nuestra verdad posible tiene que ser <<invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura... Todas las turas de este mundo>>.
Hemos de buscar una salvación individual que sea a la vez salvación de todos. Pero esa verdadera vida humana no hay que colocarla fuera del tiempo o del espacio: es terrestre.
Esa verdadera realidad no es algo por venir, una meta, el último peldaño, el final de una evolución.
No, es algo que ya está aquí, en nosotros. Se la siente, basta tener el valor de estirar la mano en la oscuridad."
Fragmentos de Rayuela
Una llave, figura inefable. Una llave. Todavía, a lo mejor, se podía salir a la calle y seguir andando, con una llave en el bolsillo.
Nuestra verdad posible tiene que ser <<invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura... Todas las turas de este mundo>>.
Hemos de buscar una salvación individual que sea a la vez salvación de todos. Pero esa verdadera vida humana no hay que colocarla fuera del tiempo o del espacio: es terrestre.
Esa verdadera realidad no es algo por venir, una meta, el último peldaño, el final de una evolución.
No, es algo que ya está aquí, en nosotros. Se la siente, basta tener el valor de estirar la mano en la oscuridad."
Fragmentos de Rayuela
lunes, 20 de septiembre de 2010
Mis ojos ven mejor si están cerrados,
así no se distraen con simplezas;
mas al dormir, te ven en sueños claros
y brillan en lo oscuro como estelas.
Y tú, sombra que alumbras a otras sombras,
si a ojos que no ven reluces tanto,
¿podrá lucir aún más tu dulce forma
en plena claridad y a pleno campo?
Pues si en la noche inerte tus borrosos
contornos engalanan mi pupila,
¿podrán embelesarse más mis ojos
al verte a la luz viva de los días?
El día es noche cuando no te veo
y días son las noches que te sueño.
W.Shakespeare
así no se distraen con simplezas;
mas al dormir, te ven en sueños claros
y brillan en lo oscuro como estelas.
Y tú, sombra que alumbras a otras sombras,
si a ojos que no ven reluces tanto,
¿podrá lucir aún más tu dulce forma
en plena claridad y a pleno campo?
Pues si en la noche inerte tus borrosos
contornos engalanan mi pupila,
¿podrán embelesarse más mis ojos
al verte a la luz viva de los días?
El día es noche cuando no te veo
y días son las noches que te sueño.
W.Shakespeare
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| La Maja desnuda, Goya |
domingo, 19 de septiembre de 2010
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Capítulo 7, Rayuela. J.Cortázar
martes, 7 de septiembre de 2010
"Monelle me encontró en la llanura por donde andaba errante y me tomó de la mano.
- No vayas a sorprenderte, dijo, soy yo y no soy yo;
Volverás a encontrarme y me perderás;
Una vez más acudiré a vosotros; porque pocos hombres me han visto y ninguno me ha comprendido;
Y tú me olvidarás y volverás a reconocerme y me olvidarás.
Sé, pues, semejante a las estaciones destructoras y formadoras.
Construye tú mismo tu casa y quémala tú mismo.
No arrojes escombros detrás de ti; que cada cual se sirva de sus propias ruinas.
No construyas en la noche pasada. Deja que tus obras huyan a la deriva.
Para todo deseo nuevo, haz dioses nuevos.
Que todo dios desaparezca en cuanto haya sido creado;
Que toda creación perezca en cuanto haya sido creada;
Que todo dios sea dios del momento.
Ama el momento. Todo amor que dura es odio.
Piensa en el momento. Todo pensamiento que dura es contradicción.
Sé semejante a las rosas: ofrece tus hojas para que las arranquen las voluptuosidades, para que las pisoteen los dolores.
Que todo extasis sea en ti moribundo, que toda voluptuosidad desee morir.
Vé en paz con la luz roja de la mañana y la luz gris del atardecer. Sé el alba mezclada al crepúsculo.
Considera viva a toda cosa incierta y muerta a toda cosa cierta.
Construye en las diferencias; destruye en las similitudes.
Cuando te quitas las ropas por la noche desvístete de tu alma de día; desnúdate en todos los momentos.
Rompe toda copa en la que hayas bebido.
Que tu marcha no vaya de un extremo a otro, porque no hay nada de tal; sino que cada uno de tus pasos sea una proyección enderezada.
Borrarás con tu pie izquierdo la huella de tu pie derecho.
No digas: vivo ahora, mañana moriré. No dividas la realidad entre la vida y la muerte.
Dí: ahora vivo y muero"
Selección de las palabras de Monelle.
- No vayas a sorprenderte, dijo, soy yo y no soy yo;
Volverás a encontrarme y me perderás;
Una vez más acudiré a vosotros; porque pocos hombres me han visto y ninguno me ha comprendido;
Y tú me olvidarás y volverás a reconocerme y me olvidarás.
Sé, pues, semejante a las estaciones destructoras y formadoras.
Construye tú mismo tu casa y quémala tú mismo.
No arrojes escombros detrás de ti; que cada cual se sirva de sus propias ruinas.
No construyas en la noche pasada. Deja que tus obras huyan a la deriva.
Para todo deseo nuevo, haz dioses nuevos.
Que todo dios desaparezca en cuanto haya sido creado;
Que toda creación perezca en cuanto haya sido creada;
Que todo dios sea dios del momento.
Ama el momento. Todo amor que dura es odio.
Piensa en el momento. Todo pensamiento que dura es contradicción.
Sé semejante a las rosas: ofrece tus hojas para que las arranquen las voluptuosidades, para que las pisoteen los dolores.
Que todo extasis sea en ti moribundo, que toda voluptuosidad desee morir.
Vé en paz con la luz roja de la mañana y la luz gris del atardecer. Sé el alba mezclada al crepúsculo.
Considera viva a toda cosa incierta y muerta a toda cosa cierta.
Construye en las diferencias; destruye en las similitudes.
Cuando te quitas las ropas por la noche desvístete de tu alma de día; desnúdate en todos los momentos.
Rompe toda copa en la que hayas bebido.
Que tu marcha no vaya de un extremo a otro, porque no hay nada de tal; sino que cada uno de tus pasos sea una proyección enderezada.
Borrarás con tu pie izquierdo la huella de tu pie derecho.
No digas: vivo ahora, mañana moriré. No dividas la realidad entre la vida y la muerte.
Dí: ahora vivo y muero"
Selección de las palabras de Monelle.
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| Nobuyoshi Araki |
lunes, 6 de septiembre de 2010
"Nerón, sibarita refinado, guardaba lo mejor para el final: un toro enloquecido, irrumpía en las arenas con la joven Lygia desnuda, con sus largos cabellos alborotados, atada a su lomo. Entregar una hermosa princesa cristiana, virgen hasta la médula, a un toro enfurecido era una excelente idea.
Las cuerdas que ataban al animal estaban flojamente atadas con intención de que, en cualquier momento, el toro lograra librarse del cuerpo de la hermosa para acabar pisoteándola, atravesándola o haciéndole todo aquello con lo que los toros suelen gratificar a las doncellas desnudas.
Imaginar lo que iba a suceder me sumía en el éxtasis..
Lygia desnuda está atada a mi lomo. Siento sus nalgas virginales y sus angélicas caderas. Ese contacto me vuelve loco, empiezo a cocear, a saltar, a correr. A fuerza de gesticulación, el cuerpo de Lygia da un giro de ciento ochenta grados sobre sí mismo. Sus senos puntiagudos se me clavan en los omóplatos, su vientre y su sexo se asientan sobre mi prominente espinazo. Soy un uro y todo esto me desgarra el cerebro. Furioso, me propongo que esa criatura caiga de encima mi cuerpo.
Soy todo brincos, salto hacia delante, salto hacia atrás, me arqueo, me encabrito. Las cuerdas se aflojan, Lygia se desliza hasta el suelo, ya sólo está unida a mí por un pie. Galopo, arrastrándola por el suelo como al cadáver que será en breve. Sus piernas abiertas revelan a la muchedumbre una virginidad que no durará mucho. Esa indecencia hace sufrir a la princesa, y a mí me alegra. ¿Sufres, Lygia? Perfecto, y eso no es nada en comparación con lo que te aguarda. Así aprenderás a ser una doncella cristiana desnuda en una novela polaca para uso de adolescentes.
Con una última y atlética coz, consigo deshacerme de la joven que efectúa un vuelo planeado y cae a diez metros de distancia. El pueblo romano contiene la respiración. Me acerco a la presa y contemplo su bonito trasero. Le doy la vuelta con mi casco y adoro el miedo que brota de sus hermosos ojos, adoro el temblor de sus senos intactos.
Lo más grave, Lygia, es que estás de acuerdo. Todo el mundo está de acuerdo al respecto: ¿qué interés ofrecería al mundo una muchacha virgen cristiana sino la posibilidad de ser penetrada por un toro enfurecido? Prometerte a ese yerno ideal convertido gracias a tus favores significaría insultarte. Imagina la sosería de vuestros himeneos blancuzcos, la grotesca expresión de integridad reflejada en su rostro al poseerte.
No. Tú no eres para él, estás demasiado bien para semejante destino. Eres para mí. Consciente o inconscientemente, lo has hecho adrede: ¿por qué te has preservado con tanto desvelo sino para ser masacrada?
Existe una ley universal: todo lo que es demasiado puro debe ser ensuciado, todo lo sagrado debe er profanado. Ponte en el lugar del profanador: ¿qué interés hay en profanar lo no sagrado? Seguro que pensabas en esta cuestión al conservarte tan blanca.
Nada más cristiano que una virgen mártir, nada más pagano que un toro enfurecido: por eso está el pueblo tan satisfecho. Obtendrá satisfacción no por el valor de su dinero, ya que el espectáculo es gratuito, sino por su odio, su natural propensión a aborrecer los lirios blancos y las salamandras.
Según Homero, la frente del toro simboliza la tontería. Tiene razón. Me gusta ser un uro porque me gusta ser tonto. Y, en virtud de mi estupidez, te entregan a mí alegremente: si yo hubiera sido el astuto zorro, no me habrían hecho semejante regalo. Ser tonto tiene sus ventajas, ¿comprendes?
Ya no queda tiempo para tener miedo, ya ha llegado el momento de sufrir. Hundo mis cuernos en tu vientre liso: fabulosa sensación. Una vez te tengo ensartada, te alzo por encima de mi cabeza. La muchedumbre aúlla y tu gritas. Soy el héroe del día. Me paseo, con tu cuerpo por sombrero: a mi izquierda, tus piernas; a mi derecha, tus brazos, tu rostro pasmado, tus cabellos, que barren el suelo. Muy orgulloso de mí mismo, doy la vuelta al ruedo para recoger los aplausos del público. Cuando esas diversones no bastan para colmar mi embriaguez, paso a los asuntos serios. Mis cuernos te han penetrado pero no te han traspasado: me arqueo y vuelvo a arquearme hasta que se hunden en ti.
Cada vez que caigo al suelo, me siento más lejos en ti. Entonces sucede lo que tenía que suceder: un crujido, mis cuernos te han atravesado el vientre, te salen por la espalda y por los riñones, y asoman al exterior. La muchedumbre los ve y me aclama con más ahínco. Estoy contento.
Empiezo a brincar como un loco para manifestar mi triunfo. Tu sangre se desliza ahora por mi frente y por mi cuello. Llega hasta mis narinas, su olor me enfurece. Se desliza hasta mi boca, la lamo, posee el sabor del vino joven, me emborracha. Te oigo gemir y me gusta.
A fuerza de gesticular, un velo rojo cubre mis ojos: es tu sangre que me ciega. Ya no veo nada y eso me enfurece: corro sin saber adónde me dirijo, me estrello repetidas veces contra los muros que rodean las arenas, los golpes deben de dolerte. Por agotamiento, agacho la cabeza: te caes de entre mis astas, te deslizas por mi cabeza, tu piel me seca los ojos y recobro la visión.
Estás tumbada en el suelo, todavía respiras. Contemplo tu vientre lacerado por mis servicios: magnífico. Tu pálido rostro macilento presenta una expresión exaltada, casi sonriente: sabía que eso te gustaría, Lygia, mi Lygia, ahora eres realmente mía.
Y, puesto que eres mía, hago contigo lo que quiero. Bebo la sangre tibia de tu vientre, demostrando, así, que los toros dejan de ser vegetarianos ante una virgen.
A continuación, entre las aclamaciones del pueblo romano, te pisoteo hasta dejar tu cuerpo irreconocible. ¡Exquisito desahogo! Te dejo el rostro intacto con intención de seguir interpretando tus expresiones: porque lo que me interesa es qué siente tu alma. Los auténticos materialistas están exentos de sadismo, el sadismo sólo anida en los ultra espiritualistas de mi especie. Hay que tener talento para ser verdugo.
La escena es admirable: una papilla informe que es tu cuerpo, que parece una fruta reventada, y, por encima de esta compota, tu cuello perfecto y tu rostro, que ha alcanzado la plenitud de la gracia.
Tus ojos beben el cielo, a menos que ocurra lo contrario. Nunca has estado tan bella: martilleando tu esqueleto con mis cascos, he conseguido hacer ascender todo tu esplendor hasta el rostro, como si fueras un tubo de pasta dentífrica.
Así, gracias a mí, has tenido la oportunidad de ser idealizada. Acerco mi oreja de uro a tu boca y acecho tu último suspiro. Te oigo exhalarlo -es más delicado que una música de cámara-, y morimos de placer, tú y yo, a la vez.
"Quien quiere hacerse el ángel hace el bruto." Yo he hecho el bruto, y, como tal, he conocido la voluptuosidad del ángel. Mientras tengo once años, aparto la almohada con la que me había cubierto el rostro y me levanto, jadeando de placer. Mi cerebro se ha volatizado, como un edificio bajo el efecto de una explosión nuclear."
A. Nothomb
"Cada cual mata lo que ama", escribió Wilde.
Las cuerdas que ataban al animal estaban flojamente atadas con intención de que, en cualquier momento, el toro lograra librarse del cuerpo de la hermosa para acabar pisoteándola, atravesándola o haciéndole todo aquello con lo que los toros suelen gratificar a las doncellas desnudas.
Imaginar lo que iba a suceder me sumía en el éxtasis..
Lygia desnuda está atada a mi lomo. Siento sus nalgas virginales y sus angélicas caderas. Ese contacto me vuelve loco, empiezo a cocear, a saltar, a correr. A fuerza de gesticulación, el cuerpo de Lygia da un giro de ciento ochenta grados sobre sí mismo. Sus senos puntiagudos se me clavan en los omóplatos, su vientre y su sexo se asientan sobre mi prominente espinazo. Soy un uro y todo esto me desgarra el cerebro. Furioso, me propongo que esa criatura caiga de encima mi cuerpo.
Soy todo brincos, salto hacia delante, salto hacia atrás, me arqueo, me encabrito. Las cuerdas se aflojan, Lygia se desliza hasta el suelo, ya sólo está unida a mí por un pie. Galopo, arrastrándola por el suelo como al cadáver que será en breve. Sus piernas abiertas revelan a la muchedumbre una virginidad que no durará mucho. Esa indecencia hace sufrir a la princesa, y a mí me alegra. ¿Sufres, Lygia? Perfecto, y eso no es nada en comparación con lo que te aguarda. Así aprenderás a ser una doncella cristiana desnuda en una novela polaca para uso de adolescentes.
Con una última y atlética coz, consigo deshacerme de la joven que efectúa un vuelo planeado y cae a diez metros de distancia. El pueblo romano contiene la respiración. Me acerco a la presa y contemplo su bonito trasero. Le doy la vuelta con mi casco y adoro el miedo que brota de sus hermosos ojos, adoro el temblor de sus senos intactos.
Lo más grave, Lygia, es que estás de acuerdo. Todo el mundo está de acuerdo al respecto: ¿qué interés ofrecería al mundo una muchacha virgen cristiana sino la posibilidad de ser penetrada por un toro enfurecido? Prometerte a ese yerno ideal convertido gracias a tus favores significaría insultarte. Imagina la sosería de vuestros himeneos blancuzcos, la grotesca expresión de integridad reflejada en su rostro al poseerte.
No. Tú no eres para él, estás demasiado bien para semejante destino. Eres para mí. Consciente o inconscientemente, lo has hecho adrede: ¿por qué te has preservado con tanto desvelo sino para ser masacrada?
Existe una ley universal: todo lo que es demasiado puro debe ser ensuciado, todo lo sagrado debe er profanado. Ponte en el lugar del profanador: ¿qué interés hay en profanar lo no sagrado? Seguro que pensabas en esta cuestión al conservarte tan blanca.
Nada más cristiano que una virgen mártir, nada más pagano que un toro enfurecido: por eso está el pueblo tan satisfecho. Obtendrá satisfacción no por el valor de su dinero, ya que el espectáculo es gratuito, sino por su odio, su natural propensión a aborrecer los lirios blancos y las salamandras.
Según Homero, la frente del toro simboliza la tontería. Tiene razón. Me gusta ser un uro porque me gusta ser tonto. Y, en virtud de mi estupidez, te entregan a mí alegremente: si yo hubiera sido el astuto zorro, no me habrían hecho semejante regalo. Ser tonto tiene sus ventajas, ¿comprendes?
Ya no queda tiempo para tener miedo, ya ha llegado el momento de sufrir. Hundo mis cuernos en tu vientre liso: fabulosa sensación. Una vez te tengo ensartada, te alzo por encima de mi cabeza. La muchedumbre aúlla y tu gritas. Soy el héroe del día. Me paseo, con tu cuerpo por sombrero: a mi izquierda, tus piernas; a mi derecha, tus brazos, tu rostro pasmado, tus cabellos, que barren el suelo. Muy orgulloso de mí mismo, doy la vuelta al ruedo para recoger los aplausos del público. Cuando esas diversones no bastan para colmar mi embriaguez, paso a los asuntos serios. Mis cuernos te han penetrado pero no te han traspasado: me arqueo y vuelvo a arquearme hasta que se hunden en ti.
Cada vez que caigo al suelo, me siento más lejos en ti. Entonces sucede lo que tenía que suceder: un crujido, mis cuernos te han atravesado el vientre, te salen por la espalda y por los riñones, y asoman al exterior. La muchedumbre los ve y me aclama con más ahínco. Estoy contento.
Empiezo a brincar como un loco para manifestar mi triunfo. Tu sangre se desliza ahora por mi frente y por mi cuello. Llega hasta mis narinas, su olor me enfurece. Se desliza hasta mi boca, la lamo, posee el sabor del vino joven, me emborracha. Te oigo gemir y me gusta.
A fuerza de gesticular, un velo rojo cubre mis ojos: es tu sangre que me ciega. Ya no veo nada y eso me enfurece: corro sin saber adónde me dirijo, me estrello repetidas veces contra los muros que rodean las arenas, los golpes deben de dolerte. Por agotamiento, agacho la cabeza: te caes de entre mis astas, te deslizas por mi cabeza, tu piel me seca los ojos y recobro la visión.
Estás tumbada en el suelo, todavía respiras. Contemplo tu vientre lacerado por mis servicios: magnífico. Tu pálido rostro macilento presenta una expresión exaltada, casi sonriente: sabía que eso te gustaría, Lygia, mi Lygia, ahora eres realmente mía.
Y, puesto que eres mía, hago contigo lo que quiero. Bebo la sangre tibia de tu vientre, demostrando, así, que los toros dejan de ser vegetarianos ante una virgen.
A continuación, entre las aclamaciones del pueblo romano, te pisoteo hasta dejar tu cuerpo irreconocible. ¡Exquisito desahogo! Te dejo el rostro intacto con intención de seguir interpretando tus expresiones: porque lo que me interesa es qué siente tu alma. Los auténticos materialistas están exentos de sadismo, el sadismo sólo anida en los ultra espiritualistas de mi especie. Hay que tener talento para ser verdugo.
La escena es admirable: una papilla informe que es tu cuerpo, que parece una fruta reventada, y, por encima de esta compota, tu cuello perfecto y tu rostro, que ha alcanzado la plenitud de la gracia.
Tus ojos beben el cielo, a menos que ocurra lo contrario. Nunca has estado tan bella: martilleando tu esqueleto con mis cascos, he conseguido hacer ascender todo tu esplendor hasta el rostro, como si fueras un tubo de pasta dentífrica.
Así, gracias a mí, has tenido la oportunidad de ser idealizada. Acerco mi oreja de uro a tu boca y acecho tu último suspiro. Te oigo exhalarlo -es más delicado que una música de cámara-, y morimos de placer, tú y yo, a la vez.
"Quien quiere hacerse el ángel hace el bruto." Yo he hecho el bruto, y, como tal, he conocido la voluptuosidad del ángel. Mientras tengo once años, aparto la almohada con la que me había cubierto el rostro y me levanto, jadeando de placer. Mi cerebro se ha volatizado, como un edificio bajo el efecto de una explosión nuclear."
A. Nothomb
"Cada cual mata lo que ama", escribió Wilde.
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| Kyle Skully |
domingo, 5 de septiembre de 2010
"En la concepción del erotismo en Bataille, el significado de la muerte excede absolutamente lo biológico. No es la destrucción biológica del cuerpo, sino el desenlace del trabajo de destrucción de sí mismo. Básicamente la idea del intercambio, de la desnudez, de la reciprocidad de estas intensidades desbordantes, que violentan toda posesión de sí mismas, son también la capacidad del sujeto para asumir la propia muerte, la muerte del otro, como la condición de esta intensidad exacerbada. El erotismo es entonces un acto de muerte recíproca que hace surgir de los despojos de sí mismo la fuerza misma de la transgresión que rechaza toda finitud. La vida --infinita, inextinguible-- no puede surgir sino precisamente de entregarse a esta destrucción del don, ofrecerse a sí mismo como nada, como sujeto arrebatado por la muerte, como sujeto en disolución, como totalidad abierta, como carencia de identidad, y al mismo tiempo cancelación de la ley.
El erotismo es también invención y fundación de un tiempo. El tiempo del erotismo es el tiempo del encuentro. La condición única e irrepetible, quizá fatal, de ese momento --a veces un instante-- en que convergen dos sujetos en ese ritual de espera, destrucción de sí, creación y recreación de la experiencia de la finitud. Es una ritualidad que rechaza la regularidad reiterativa del ritual. La ritualidad del erotismo es la experiencia de una regularidad precaria, efímera, singular. La repetición en el erotismo no es la regularidad de cuerpos y espacios, sino la de la voluntad de deseo, la reaparición intacta del impulso de transgresión y la vocación de entrega a la fragilidad. La ritualidad propia del encuentro es algo extraño a la reiteración. Quienes convergen en el momento erótico, no podrán jamás repetir esa experiencia. Cada encuentro es único. No hay tal cosa como la repetición y, sin embargo, en el momento en que el sujeto se sume en este trance al mismo tiempo fugaz, reiterativo e irrepetible de la muerte, en esa intimidad recíproca que es pura intensidad radical, en realidad está entregado a la repetición misma de ese reclamo de voluptuosidad o de vértigo. El tiempo del encuentro es entonces, simultáneamente, el lugar de lo imprevisible y de lo ineludible. Fortuito y fatal. Esta doble condición paradójica define el encuentro erótico, esta extraña paradoja de discontinuidad y continuidad. Cada encuentro, como una extraña anomalía matemática, corta nuestra vida en dos. Cada instante en que irrumpe el encuentro inventa una edad y una espera, una memoria y un horizonte. Hay un antes y un después. La vida no puede seguir tal cual después del encuentro erótico. Este arrastra la vida a contemplar su propia extrañeza."
El erotismo es también invención y fundación de un tiempo. El tiempo del erotismo es el tiempo del encuentro. La condición única e irrepetible, quizá fatal, de ese momento --a veces un instante-- en que convergen dos sujetos en ese ritual de espera, destrucción de sí, creación y recreación de la experiencia de la finitud. Es una ritualidad que rechaza la regularidad reiterativa del ritual. La ritualidad del erotismo es la experiencia de una regularidad precaria, efímera, singular. La repetición en el erotismo no es la regularidad de cuerpos y espacios, sino la de la voluntad de deseo, la reaparición intacta del impulso de transgresión y la vocación de entrega a la fragilidad. La ritualidad propia del encuentro es algo extraño a la reiteración. Quienes convergen en el momento erótico, no podrán jamás repetir esa experiencia. Cada encuentro es único. No hay tal cosa como la repetición y, sin embargo, en el momento en que el sujeto se sume en este trance al mismo tiempo fugaz, reiterativo e irrepetible de la muerte, en esa intimidad recíproca que es pura intensidad radical, en realidad está entregado a la repetición misma de ese reclamo de voluptuosidad o de vértigo. El tiempo del encuentro es entonces, simultáneamente, el lugar de lo imprevisible y de lo ineludible. Fortuito y fatal. Esta doble condición paradójica define el encuentro erótico, esta extraña paradoja de discontinuidad y continuidad. Cada encuentro, como una extraña anomalía matemática, corta nuestra vida en dos. Cada instante en que irrumpe el encuentro inventa una edad y una espera, una memoria y un horizonte. Hay un antes y un después. La vida no puede seguir tal cual después del encuentro erótico. Este arrastra la vida a contemplar su propia extrañeza."
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| Hasisi Park |
sábado, 4 de septiembre de 2010
viernes, 3 de septiembre de 2010
"-Porque yo soy como tú. Porque estoy precisamente tan sola como tú y como tú no puedo amar ni tomar en serio a la vida ni a las personas ni a mí misma. Siempre hay alguna de esas personas que pide a la vida lo más elevado y a quien no puede satisfacer la insulsez y rudeza del ambiente.
-¡Tú, tú! -exclamé hondamente admirado-. Te comprendo, camarada; nadie te comprende como yo. Y, sin embargo, eres para mí un enigma. Tú te las arreglas con la vida jugando, tienes esa maravillosa consideración ante las cosas y los goces minúsculos, eres una artista de la vida. ¿Cómo puedes sufrir con el mundo? ¿Cómo puedes desesperar?
-No desespero. Pero sufrir por la vida, oh, en eso tengo experiencia. Tú te asombras de que yo soy feliz porque sé bailar y me las arreglo tan perfectamente en la superfície de la vida. Y yo, amigo mío, me admiro de que tú estés tan desengañado del mundo, hallándote en tu elemento precisamente en las cosas más bellas y profundas, en el espíritu, en el arte, en el pensamiento. Por eso nos hemos atraído mutuamente, por eso somos hermanos. Yo te enseñaré a bailar y a jugar y a sonreír y a estar contento, sin embargo. Y aprenderé de ti a pensar y a saber y a no estar satisfecha, a pesar de todo. ¿Sabes que los dos somos hijos del diablo?
-Sí, lo somos. El diablo es el espíritu; nosotros sus desgraciados hijos. Nos hemos salido de la naturaleza y pendemos en el vacío. Pero ahora se me ocurre una cosa; en el tratado del lobo estepario, del que te he hablado, hay algo acerca de que es sólo una fantasía suya el creer que tiene una o dos almas, que consiste en una o dos personalidades. Todo hombre, dice, consta de diez, de cien, de mil almas.
-Eso me gusta mucho. En ti, por ejemplo, lo espiritual está altamente desarrollado y a cambio de esto te has quedado muy atrás en toda pequeña clase de artes de la vida. El pensador tiene cien años, pero el bailarín apenas tiene medio día. A éste vamos a ver ahora si lo sacamos adelante, y a todos sus pequeños hermanitos, que son tan chiquitines, inexpertos e incautos como él."
Hesse..
-¡Tú, tú! -exclamé hondamente admirado-. Te comprendo, camarada; nadie te comprende como yo. Y, sin embargo, eres para mí un enigma. Tú te las arreglas con la vida jugando, tienes esa maravillosa consideración ante las cosas y los goces minúsculos, eres una artista de la vida. ¿Cómo puedes sufrir con el mundo? ¿Cómo puedes desesperar?
-No desespero. Pero sufrir por la vida, oh, en eso tengo experiencia. Tú te asombras de que yo soy feliz porque sé bailar y me las arreglo tan perfectamente en la superfície de la vida. Y yo, amigo mío, me admiro de que tú estés tan desengañado del mundo, hallándote en tu elemento precisamente en las cosas más bellas y profundas, en el espíritu, en el arte, en el pensamiento. Por eso nos hemos atraído mutuamente, por eso somos hermanos. Yo te enseñaré a bailar y a jugar y a sonreír y a estar contento, sin embargo. Y aprenderé de ti a pensar y a saber y a no estar satisfecha, a pesar de todo. ¿Sabes que los dos somos hijos del diablo?
-Sí, lo somos. El diablo es el espíritu; nosotros sus desgraciados hijos. Nos hemos salido de la naturaleza y pendemos en el vacío. Pero ahora se me ocurre una cosa; en el tratado del lobo estepario, del que te he hablado, hay algo acerca de que es sólo una fantasía suya el creer que tiene una o dos almas, que consiste en una o dos personalidades. Todo hombre, dice, consta de diez, de cien, de mil almas.
-Eso me gusta mucho. En ti, por ejemplo, lo espiritual está altamente desarrollado y a cambio de esto te has quedado muy atrás en toda pequeña clase de artes de la vida. El pensador tiene cien años, pero el bailarín apenas tiene medio día. A éste vamos a ver ahora si lo sacamos adelante, y a todos sus pequeños hermanitos, que son tan chiquitines, inexpertos e incautos como él."
Hesse..
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| Margaret Durow |
lunes, 23 de agosto de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
Si los que aman la música reflexionan, comprenderán fácilmente que ésta suele traspasarlos en un momento clabe de la canción, con un acorde o nota concreta que desencadena una pasión interior. Pero esta nota o acorde en especial no podría movernos por dentro si no tubiera delante o detrás lo que, a fin de cuentas, la compone. Me refiero a las otras figuras musicales que hacen que ella tenga ahí un lugar y cobre esa bella capacidad de ahondar. Lo mismo ocurre con las personas.
El arte desnudo
El arte desnudo
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| Hiroshima mon amour |
viernes, 20 de agosto de 2010
como el sentimiento es lo primero
quien presta atención
a la sintaxis de las cosas
nunca te besará completamente;
completamente idiotas
mientras la Primavera está en el mundo.
mi sangre aprueba,
y los besos son un destino mejor
que la sabiduría
señora lo juro por todas las flores. No lloreis
-el mejor gesto de mi cerebro vale menos que
el aleteo de vuestros párpados que dice:
estamos hechos el uno para el otro: así pues
reíd, abandonaos en mis brazos
porque la vida no es un párrafo
Y creo que la muerte no es ningún paréntesis
Cummings
quien presta atención
a la sintaxis de las cosas
nunca te besará completamente;
completamente idiotas
mientras la Primavera está en el mundo.
mi sangre aprueba,
y los besos son un destino mejor
que la sabiduría
señora lo juro por todas las flores. No lloreis
-el mejor gesto de mi cerebro vale menos que
el aleteo de vuestros párpados que dice:
estamos hechos el uno para el otro: así pues
reíd, abandonaos en mis brazos
porque la vida no es un párrafo
Y creo que la muerte no es ningún paréntesis
Cummings
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| Man Ray |
jueves, 19 de agosto de 2010
Cuando yo me atraigo, busco y devoro a mi misma suelo recrearme en el vacío y lo que hay alrededor termina por carecer de sentido o significado.
Amo el momento en que sin darme cuenta todos los objetos empiezan a ser tragados por una fuerza mental indescriptible, como si un enorme agujero clavado en el suelo poseyera tal magnetismo que ninguna materialidad pudiera resistirse. Divanes, sillas, mesas, lo que hay encima de estas, el espejo, la ropa como oleaje terrenal, tacones, relojes obsoletos, fotografías, teclas blancas y azabaches, cuerdas y madera, la añil lámpara que cuelga medio suicidada, oscuros candados o ruidos mundanos e incluso, la pintura que violentamente queda arrancada por la nada.
Su existencia reside vagamente suspendida en el olvido hasta que decido devolverles ese aburrido estado natural, cuando aprendo de nuevo a no saber soñar y mi mundo exterior recobra el trivial aspecto que tenía antes de su aniquilación.
Pero es curioso cómo lo único que no puede digerir es mi mente y las palabras que van siendo tatuadas en el níveo papel. Es la capacidad de pegarle un tiro lenta, consciente y voluntariamente a una realidad la cual mi ser no se resigna a sucumbir, escribir para comprender de forma desnuda cada pensamiento y describir después de haber palpado con la mente lo que uno siente.
El arte desnudo
Amo el momento en que sin darme cuenta todos los objetos empiezan a ser tragados por una fuerza mental indescriptible, como si un enorme agujero clavado en el suelo poseyera tal magnetismo que ninguna materialidad pudiera resistirse. Divanes, sillas, mesas, lo que hay encima de estas, el espejo, la ropa como oleaje terrenal, tacones, relojes obsoletos, fotografías, teclas blancas y azabaches, cuerdas y madera, la añil lámpara que cuelga medio suicidada, oscuros candados o ruidos mundanos e incluso, la pintura que violentamente queda arrancada por la nada.
Su existencia reside vagamente suspendida en el olvido hasta que decido devolverles ese aburrido estado natural, cuando aprendo de nuevo a no saber soñar y mi mundo exterior recobra el trivial aspecto que tenía antes de su aniquilación.
Pero es curioso cómo lo único que no puede digerir es mi mente y las palabras que van siendo tatuadas en el níveo papel. Es la capacidad de pegarle un tiro lenta, consciente y voluntariamente a una realidad la cual mi ser no se resigna a sucumbir, escribir para comprender de forma desnuda cada pensamiento y describir después de haber palpado con la mente lo que uno siente.
El arte desnudo
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| Egon Schiele |
Mi mujer con la cabellera de fuego de los bosques
Con pensamientos de relámpago de calor
Con su talle de reloj de arena
Mi mujer con su talle de nutria en los dientes del tigre
Mi mujer con la boca de escarapela y de ramillete
de estrellas de un ínfimo tamaño
Con dientes de huellas de ratones blancos en la tierra blanca
Con sus cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer con sus sienes de pizarra en un techo de invernadero
Y de vaho en los vidrios
Con sus movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer con sus pies de iniciales
Con pies de manojo de llaves con pies de canarios blancos que beben
Mi mujer con cuello de cebada imperlada
Mi mujer con su garganta de Valle de Oro
Que se cita en el lecho mismo del torrente
Con sus senos de noche
Mi mujer con senos de albergue marino de topos
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con sus senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre del despliegue del abanico de los días
Con su vientre de garra gigantesca
Mi mujer con espalda de pájaro que huye vertical
Con espalda de azogue
Con espalda de luz
Y de tallo de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de arenisca y de amianto
Mi mujer con nalgas de tomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de espadaña
Mi mujer con sexo de arenal de oro y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de viejo bombón
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de sábana
Mi mujer con ojos de agua para beber en la cárcel
Mi mujer con ojos de bosques siempre bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.
André Breton
Con pensamientos de relámpago de calor
Con su talle de reloj de arena
Mi mujer con su talle de nutria en los dientes del tigre
Mi mujer con la boca de escarapela y de ramillete
de estrellas de un ínfimo tamaño
Con dientes de huellas de ratones blancos en la tierra blanca
Con la lengua de ámbar y vidrio frotados
Mi mujer con la lengua de hostia apuñalada
Con la lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Con la lengua de piedra increíble
Mi mujer con pestañas de palotes de escritura de niñoCon sus cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer con sus sienes de pizarra en un techo de invernadero
Y de vaho en los vidrios
Mi mujer con hombros de vino de champaña
Y de frente con cabeza de delfines bajo la nieve
Mi mujer con muñecas de fósforo
Mi mujer con dedos de azar y de as de copas
Con sus dedos de heno cortado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
De alheña
Con sus brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla de trigo y de molino
Mi mujer con piernas de coheteCon sus movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer con sus pies de iniciales
Con pies de manojo de llaves con pies de canarios blancos que beben
Mi mujer con cuello de cebada imperlada
Mi mujer con su garganta de Valle de Oro
Que se cita en el lecho mismo del torrente
Con sus senos de noche
Mi mujer con senos de albergue marino de topos
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con sus senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre del despliegue del abanico de los días
Con su vientre de garra gigantesca
Mi mujer con espalda de pájaro que huye vertical
Con espalda de azogue
Con espalda de luz
Con la nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso donde se acaba de beber
Mi mujer con caderas de barquilla
Con caderas de araña y de rabo de flechas.Y de tallo de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de arenisca y de amianto
Mi mujer con nalgas de tomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de espadaña
Mi mujer con sexo de arenal de oro y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de viejo bombón
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de sábana
Mi mujer con ojos de agua para beber en la cárcel
Mi mujer con ojos de bosques siempre bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.
André Breton
| Egon Schiele |
"Grandioso es el poder curativo que reside en las plantas, hierbas y piedras.
Y todas sus virtudes. Pues no hay nada tan vil que viva en la tierra sin dar a la tierra algún beneficio especial ni hay nada tan bueno que, desviado de su buen uso, no se revele contra su origen haciendo daño. La virtud se vuelve vicio mal aplicada, y el vicio se dignifica algunas veces en la acción.
En la tierna corteza de esta debil flor residen veneno y potente medicina, pues al olerla da alivio con cada parte a cada parte, y al probarla mata los sentidos al corazón. Dos reyes así enfrentados acampan en el hombre igual que en las hiervas, la virtud i la baja pasión. Y cuando predomina lo peor, pronto el gusano mortal deborará esa planta."
W.Shakespeare
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| Saul Leiter |
miércoles, 18 de agosto de 2010
Cuando era pequeña me repetía una y otra vez que algún día tendría que desatarme desde un edificio altísimo porque no podía soportar la idea de morir sin saber que era volar. Constantemente me atraía y atrapaba la idea de quedar suspendida en el aire y que al fin, todo acabara de esa forma.
Subir encima de la estable barandilla, sentir todo tu alrededor encogido ante tus ojos, entender que el suelo te espera pero la intangible bruma aun más, acoger el universo entero en tu cabeza y vivir tus últimos instantes sola y con una latente utopía en mente de percibir el mundo cual lo hace un pájaro.
Dar un paso hacia delante y dejar que toda tu vida se reduzca a pequeñas fracciones de tiempo en un salto irracional, apostar por el vacío que comporta una situación tan vehemente individual.
Terminar con un sabor a nada y todo en la boca, con un olor imperceptible a brisa sin más y en la mente, la mente sencillamente en blanco o en miles de colores que, encadenados, configuran las vivencias más importantes de tu vida, las historias más conmovedoras, los minutos más impactantes y las canciones que sin más, también hicieron que volases aun que fuera a ras del suelo.
El arte desnudo
"Yo decía que un poema es un grito, una muerte. Ahora creo que estoy viva porque escribo silencios en la gran torre de la ausencia. Pero no todas las agujas se mueven en el minutero como corresponde, no todos los los días soy esclava de mi voz, más sí las noches donde anudo el cuerpo y rítmos extraviados que no supe hacer sonar me anidan. Ya no canto, nunca canté. Estoy exhausta y atractiva en el puente del pecado, es la muerte, es la muerte con su cara de loba, con su grito perpetuado en mi garganta.
Yo decía que un poema es un intento de suicido, un nacimiento descalabrado. Ahora estoy acá, floreciendo las ventanas del lenguaje con cosas que escuché y ya todos dijeron. No hay nuevas existencias, nos matamos los unos a los otros.
Todo está dicho, tatuado en la casa de signos. Hay que salir a buscar lo que no existe y guardarlo en una caja verde. Que se desentierre sola, cuando alguien quiera verla."
Alejandra Pizarnik
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| Nan Goldin |
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